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El partido fue todo un clásico
19 de agosto de 2002


Se notaba la ansiedad en las caras de los jugadores de ambos equipos, que merecían la victoria por su gran trabajo durante la serie

Aleudi Rosario Cotto PRIMERA HORA
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Roberto "Bobby" Vega es cargado en hombros por los fanáticos y sus compañeros de equipo después de conectar el "hit" que le dio el triunfo a los Samaritanos de San Lorenzo, 1-0, sobre los Bravos de Cidra. (Fotos: PRIMERA HORA / José Reyes)

CAGUAS.- La historia del cuarto campeonato consecutivo de los Samaritanos de San Lorenzo será recordada como una especial gracias al "juegazo" que pudieron presentar y a la dedicación de unos Bravos de Cidra que no dieron su brazo a torcer en momento alguno.

Pasadas las 12:00 de la madrugada del sábado, todavía estaban en el terreno los Samaritanos y los Bravos discutiendo el séptimo juego de la serie final de la pelota Doble A, pero los más de 12,000 fanáticos presentes en el estadio Yldefonso Solá Morales no se movían de los asientos.

En uno de los encuentros más emocionantes de los pasados años, los Samaritanos dejaron sobre el terreno a los Bravos casi a las 12:30 de la madrugada. El partido había comenzado a las 8:00 de la noche del día anterior.

A principios del viernes, 16 de agosto, parecía que la lluvia -específicamente un incesante aguacero que cayó en horas de la mañana- se apoderaría del escenario de la primera serie final nacional que se iba al máximo de siete desafíos desde 1994, pero no fue así y el trabajo realizado sobre el terreno del Solá Morales permitió la celebración del encuentro.

Desde tempranas horas de la noche los fanáticos de los Samaritanos, que buscaban su cuarto campeonato al hilo para convertirse en el primer equipo del béisbol superior en lograrlo, y de los Bravos de Cidra se arremolinaron en el parque cagüeño para llenarlo a capacidad desde las 7:00 p.m.

Ángel "Bebé" Cruz, por San Lorenzo, y Sigfredo Rivera, por Cidra, ambos con estupendas actuaciones durante la jornada final, subirían a la lomita para dejar demostrado que querían el triunfo por sobre todas las cosas… y así fue, porque con el apoyo de los miles de seguidores que los vitoreaban en todo momento, Cruz pudo tirar por nueve entradas y dos tercios sin permitir carreras, mientras que Rivera lo hizo por seis y dos tercios en cero. Tales eran las ganas de triunfar de Cruz y Rivera, que cuando fueron relevados salieron llorando rumbo al "dugout".

En el parque lo único que se oía era el ya clásico "fua, fua, fua… jiqui, jiqui, jiqui, ahí", así como el "fua, fua, fua… jiqui, jiqui, jiqui, fua", de parte de las dos fanaticadas, pero los equipos no marcaban. Sólo existían las amenazas ofensivas de los Samaritanos en la primera, tercera, quinta, séptima y novena entrada. Mientras que los cidreños casi anotaban en la séptima, novena y undécima, pero los lanzadores sanlorenceños apretaban sus brazos.

Se notaba la ansiedad en las caras de los jugadores de ambos equipos, que merecían la victoria por su gran trabajo durante la serie y en especial en este séptimo juego, y no era para menos, ya que eran casi 11 episodios con dos conjuntos sin pisar el plato. Pero si la ansiedad era grande en los rostros de los peloteros, más grande era en la fanaticada, que se disfrutaba a toda emoción cada instante que pasaba en el terreno de juego.

Así llegó la entrada número 11 y lo imprevisto, cuando con tres hombres en base Roberto "Bobby" Vega entró a batear de emergente por José Efraín Miranda, que no las había tenido todas consigo en el choque. Con las bases llenas, Vega atizó un limpio sencillo hacia el jardín central que trajo a la goma a Omar Hernández para dejar sobre el terreno a los Bravos y como monarcas a los Samaritanos, que tocaron la historia nuevamente.

Entonces, mientras la celebración comenzaba y las caras de alegría en San Lorenzo y de tristeza en Cidra comenzaban a verse, un incidente inesperado se dio cuando varios fanáticos en el lado de los Bravos atacaron a los árbitros, tirándole y agrediéndolos verbalmente, provocando que la policía llegara al lugar y que los oficiales tuvieran que salir escoltados por el camerino de San Lorenzo.

Pero la celebración de San Lorenzo no pudo ser opacada y el aplauso a los Bravos no se escondió de parte de sus rivales, que como buenos competidores se acercaron a la cueva de éstos para felicitarlos por su lucha y por no rendirse en su gesta.

Al final, los Samaritanos lograron su cuarto cetro al hilo, los Bravos demostraron ser serios contendores y los fanáticos, unos ganadores y otros perdedores, salieron satisfechos al presenciar uno de los mejores espectáculos deportivos del año.

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