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El equipo bendecido
12 de diciembre de 2002


Como homenaje de despedida por sus 33 años al frente del béisbol aficionado puertorriqueño, el equipo nacional le obsequió a Osvaldo Gil la más preciada medalla - la de oro - en los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe que acaban de finalizar en San Salvador.
Antes de salir hacia El Salvador, el propio Gil había bautizado a la novena boricua como ‘el equipo bendecido’ por la gran cantidad de jugadores con nombres bíblicos en el conglomerado. Y en suelo salvadoreño, ante el ‘tajureo’ de los líderes del béisbol panameño y dominicano por acomodarse en los grupos, el presidente federativo les indicó que ‘el Gran Nivelador’ no permitiría injusticias. Así fue.
No solo Puerto Rico obtuvo el triunfo en béisbol de forma dramática – con un cuadrangular decisivo de Luis ‘Prieto’ Rosario en la décima entrada - sino que la hazaña fue realizada por un conjunto de peloteros aficionados jugando contra equipos compuestos por profesionales.
La escuadra boricua inició su ruta dorada venciendo en el primer juego a Antillas Holandesas 9x4, luego le ganó a Nicaragua 4x2, perdió 8x4 ante Venezuela, que fue su único revés del torneo, y le ganó por KO a Guatemala para concluir la serie regular en segundo lugar con marca de 3-1.
El llamado ‘juego malo’ que siempre tiene nuestro equipo a nivel internacional fue ante El Salvador, en el cruce de grupos, jugando ante una multitud hostil y un arbitraje parcializado, pero ganamos 4x3 con un extraordinario desempeño de los relevistas, especialmente Angel ‘Bebé’ Cruz, quien salvó el juego tras haber derrotado unos días antes a Antillas Holandesas.
Ya estábamos en el grupo de los cuatro finalistas por las medallas. Entonces se produjo el triunfo brillante 5x1 sobre Nicaragua, mediante el cual se aseguró la medalla de plata con opción al oro. En ese juego ‘Bebé’ Cruz volvió a crecerse al resultar ser el lanzador ganador lanzando 7 entradas y dos tercios con solo una carrera permitida. Otra vez se lucieron los relevistas, especialmente Angel ‘El Indio’ Martínez y el salvador zurdo Carlos Pérez.
Junto al cuerpo de lanzadores, fue la gran defensa y los movimientos realizados por el dirigente José ‘Chemane’ Carradero, lo que subió a Puerto Rico a lo más alto del podio. En esa segunda victoria sobre Nicaragua, la de la medalla de plata, el tercera base Roberto Moreno hizo una espectacular jugada defensiva en fildeo hacia su derecha y unos momento más tarde lo imitó el siore Félix Martínez fildeando maravillosamente hacia su derecha un batazo con tres corredores en base para forzar en segunda y cerrar la amenaza nica.
Entonces vino el juego más dramático, el que será recordado por varias generaciones, ya que a lo emocionante que resultó y la importancia del desafío, hay que sumarle el hecho que llegó a todos los puertorriqueños a través de la televisión. Aunque fuera diferido. Era el juego por la medalla de oro frente a Panamá y ante el lanzador profesional Jorge Cortéz, quien no solo demostró su calidad, sino también una enorme cría.
Pero Puerto Rico ripostó con su estelar Wilfredo ‘Cano’ Vélez, el lanzador de los juegos grandes y el abanderado de nuestra delegación, quen subió al box del estadio salvadoreño Saturnino Bengoa para presentarse por última vez en los escenarios internacionales con el uniforme de la Patria.
Panamá se fue al frente anotando una carrera en la primera parte del cuarto episodio, pero inmediatamente el inicialista zurdo Efraín Cintrón – quien juega con los Polluelos de Aibonito – conectó un cuadrangular con un corredor en base que le dio una ventaja temporera de 2x1 a los nuestros. En su recorrido por las bases Cintrón elevó una oración de agradecimiento a Dios y besó su uniforme Nacional.
Panamá empató el marcador a una vuelta en el séptimo. Después de esa entrada Cano Vélez abandonó el montículo y le dio paso al coameño de Santa Catalina, Luis Guillermo Torres, quien solo había lanzado una entrada en el torneo. Lejos estaba Guillito de imaginarse que sería uno de los héroes de la medalla dorada al ganar el encuentro lanzando cuatro entradas en cero.
En la décima, tras un incogible de Josué Colón, fue que se produjo el bambinazo.
El dirigente Carradero llamó a Luis ‘El Prieto’ Rosario a batear de emergente por Josué Candelario. Todos – aquí y allá - esperábamos que Rosario conectara un buen batazo entre dos que le permitiera anotar al rapidísimo Colón la carrera del gane. Pero Rosario no salió a eso, sino a batear un cuadrangular y eso fue lo que hizo. Por sobre la verja del bosque izquierdo y a un slider que le lanzaron en el segundo lanzamiento.
Entonces sonó La Borinqueña. Hacía 43 largos años que no se escuchaba para el béisbol. Veintidós gargantas de peloteros junto a las de cuatro técnicos y un presidente de oro retumbaron en aquel escenario.
Y en Puerto Rico también.

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