Esquina Caliente con Jessica Rosa Andino de PRIMERA HORA
11 de agosto de 2003

No es un secreto que una de mis pasiones es el béisbol y el pasado viernes me di un gustazo al disfrutar de este deporte que tantas emociones nos ofrece. Nada más y nada menos que ver el séptimo y decisivo partido por el campeonato de la División Norte del béisbol Doble A entre los tetracampeones Samaritanos de San Lorenzo y los Cariduros de Fajardo.

Era viernes, uno de mis días libres en el trabajo, pero no me importó estar un sexto día en una instalación deportiva, a las que acostumbro ir durante toda la semana. La diferencia era que esta vez estaba sentada, pero como fanática.

Desde que la serie entre los Cariduros de Fajardo y los tetracampeones Samaritanos de San Lorenzo se empató el pasado domingo (3 de agosto) en Fajardo dije que quería ir a ese juego suicida y así fue.

Da la casualidad que ese día (domingo) en que Fajardo batallaba para eliminar de una vez y por todas a San Lorenzo, fui a Comerío a cubrir la carrera del "El Seco" y el ambiente en ese pueblo era de béisbol. Desde que me bajé de la guagua, lo único que escuchaba era a la gente hablando de la serie entre Comerío y Santa Isabel, y el por qué se quedaron en las Fiestas Patronales y no fueron al juego.

Tan importante era esa serie para Comerío que en la meta, además de anunciar la llegada de los atletas, la orquesta que animaba la actividad iba diciendo a cada rato cómo iba el juego en Santa Isabel y el de Fajardo. Ese día ganó Santa Isabel y Fajardo también.

Pero bueno, llegó el viernes y desde temprano me preparé para ir a San Lorenzo. Estaba tan dispuesta a ir a ese juego que si no encontraba compañía me iba sola, pero no fue así. Estaba súper feliz, porque iba a ver lo que más me gusta y sabía que sería un juegazo, porque la serie entre Fajardo y San Lorenzo fue a muerte.

Llegamos temprano al parque Cristóbal "Cagüitas" Colón de San Lorenzo y ya los locales tenían su área repleta. Tanta gente se esperaba para ese encuentro que se colocaron gradas removibles en el área de primera y tercera, y muchas sillas que normalmente no existen al lado de los "dogouts"… y todo se llenó. Es más, tuvieron que instalar un sistema de circuito cerrado para transmitir el partido y los que se quedaron fuera del parque –que eran decenas de persona - pudieron ver el juego en un gigantesco televisor a la entrada del estadio.

Todo eso era una emoción grande para mí. Ver ese estadio repleto de lado a lado y hasta gente sentada en las verjas de los bosques. No sé si es lo mucho que me gusta el béisbol, pero no es lo mismo ver un juego con 50 ó 100 personas que disfrutarlo con el calor de la gente de pueblo y que se desvive por una pelota que atrae al fanático desde el inicio de la temporada hasta final.

Ese mismo ambiente es el que me gustaría ver en los estadios de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico (LBPPR), pero no es así, y parece que este año será peor que los anteriores. Ojalá me equivoque, pero los Expos de Montreal han matado nuestra pelota invernal. Después de ver béisbol de Grandes Ligas en Puerto Rico, ¿a quién le interesa ver béisbol profesional? Son muchas las personas que ya he escuchado decir que después de los Expos no hay dinero para ver "béisbol de aquí".

Eso me duele en el alma, porque nuestros peloteros necesitan el apoyo de la fanaticada 100%, por eso me hubiera gustado que Enrique "Quique" Cruz y los dueños de las novenas locales de la LBPPR se dieran la vuelta por el béisbol Doble A. Da gusto ver esos parque llenos y qué mejor oportunidad para que vean la serie final entre Fajardo y el ganador de ayer entre Comerío y Santa Isabel.

La gente que va a esos juegos son tan fanáticos que no paré de reírme cuando escuché a una señora de San Lorenzo gritarle "Charityn" al dirigent -jugador Efraín "Cano" García. Por años lo han llamado así, por lo rubio que era, ya de ese color le queda muy poco o nada.

Esos son los fanáticos de verdad, que aunque algunos de ellos existen en la pelota profesional, jamás se podrán comparar ambas fanaticadas. Los seguidores de la Doble A son fieles y no importa si el juego es viernes, sábado, domingo o miércoles, allí están hasta las once o doce la noche apoyando a su equipo.

Algo tiene que tener la Doble A para que mantenga por años a sus fieles seguidores. Ese algo podría ser lo que le hace falta al béisbol invernal. Cada cual encontrará las diferencias, pero por mi parte, no hay nada como la Doble A, aunque continuaré disfrutando el béisbol de la Colieba, invernal y de Grandes Ligas.