No es un secreto que una de mis pasiones es el béisbol
y el pasado viernes me di un gustazo al disfrutar de este
deporte que tantas emociones nos ofrece. Nada más
y nada menos que ver el séptimo y decisivo partido
por el campeonato de la División Norte del béisbol
Doble A entre los tetracampeones Samaritanos de San Lorenzo
y los Cariduros de Fajardo.
Era viernes, uno de mis días libres en el trabajo,
pero no me importó estar un sexto día en una
instalación deportiva, a las que acostumbro ir durante
toda la semana. La diferencia era que esta vez estaba sentada,
pero como fanática.
Desde que la serie entre los Cariduros de Fajardo y los
tetracampeones Samaritanos de San Lorenzo se empató el
pasado domingo (3 de agosto) en Fajardo dije que quería
ir a ese juego suicida y así fue.
Da la casualidad que ese día (domingo) en que Fajardo
batallaba para eliminar de una vez y por todas a San Lorenzo,
fui a Comerío a cubrir la carrera del "El Seco" y
el ambiente en ese pueblo era de béisbol. Desde que
me bajé de la guagua, lo único que escuchaba
era a la gente hablando de la serie entre Comerío
y Santa Isabel, y el por qué se quedaron en las Fiestas
Patronales y no fueron al juego.
Tan importante era esa serie para Comerío que en
la meta, además de anunciar la llegada de los atletas,
la orquesta que animaba la actividad iba diciendo a cada
rato cómo iba el juego en Santa Isabel y el de Fajardo.
Ese día ganó Santa Isabel y Fajardo también.
Pero bueno, llegó el viernes y desde temprano me
preparé para ir a San Lorenzo. Estaba tan dispuesta
a ir a ese juego que si no encontraba compañía
me iba sola, pero no fue así. Estaba súper
feliz, porque iba a ver lo que más me gusta y sabía
que sería un juegazo, porque la serie entre Fajardo
y San Lorenzo fue a muerte.
Llegamos temprano al parque Cristóbal "Cagüitas" Colón
de San Lorenzo y ya los locales tenían su área
repleta. Tanta gente se esperaba para ese encuentro que se
colocaron gradas removibles en el área de primera
y tercera, y muchas sillas que normalmente no existen al
lado de los "dogouts"… y todo se llenó.
Es más, tuvieron que instalar un sistema de circuito
cerrado para transmitir el partido y los que se quedaron
fuera del parque –que eran decenas de persona - pudieron
ver el juego en un gigantesco televisor a la entrada del
estadio.
Todo eso era una emoción grande para mí. Ver
ese estadio repleto de lado a lado y hasta gente sentada
en las verjas de los bosques. No sé si es lo mucho
que me gusta el béisbol, pero no es lo mismo ver un
juego con 50 ó 100 personas que disfrutarlo con el
calor de la gente de pueblo y que se desvive por una pelota
que atrae al fanático desde el inicio de la temporada
hasta final.
Ese mismo ambiente es el que me gustaría ver en los
estadios de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto
Rico (LBPPR), pero no es así, y parece que este año
será peor que los anteriores. Ojalá me equivoque,
pero los Expos de Montreal han matado nuestra pelota invernal.
Después de ver béisbol de Grandes Ligas en
Puerto Rico, ¿a quién le interesa ver béisbol
profesional? Son muchas las personas que ya he escuchado
decir que después de los Expos no hay dinero para
ver "béisbol de aquí".
Eso me duele en el alma, porque nuestros peloteros necesitan
el apoyo de la fanaticada 100%, por eso me hubiera gustado
que Enrique "Quique" Cruz y los dueños de
las novenas locales de la LBPPR se dieran la vuelta por el
béisbol Doble A. Da gusto ver esos parque llenos y
qué mejor oportunidad para que vean la serie final
entre Fajardo y el ganador de ayer entre Comerío y
Santa Isabel.
La gente que va a esos juegos son tan fanáticos que
no paré de reírme cuando escuché a una
señora de San Lorenzo gritarle "Charityn" al
dirigent -jugador Efraín "Cano" García.
Por años lo han llamado así, por lo rubio que
era, ya de ese color le queda muy poco o nada.
Esos son los fanáticos de verdad, que aunque algunos
de ellos existen en la pelota profesional, jamás se
podrán comparar ambas fanaticadas. Los seguidores
de la Doble A son fieles y no importa si el juego es viernes,
sábado, domingo o miércoles, allí están
hasta las once o doce la noche apoyando a su equipo.
Algo tiene que tener la Doble A para que mantenga por años
a sus fieles seguidores. Ese algo podría ser lo que
le hace falta al béisbol invernal. Cada cual encontrará las
diferencias, pero por mi parte, no hay nada como la Doble
A, aunque continuaré disfrutando el béisbol
de la Colieba, invernal y de Grandes Ligas.