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11 de diciembre de 2007
Por: Edgardo Pereira Torres
Fue en tercer grado cuando aprendí que las estrellas brillaban con luz propia. Brillaban por siempre. Si en algún momento en mi vida entendí esa teoría de los astros fue el pasado sabado y no precisamente mirando al cielo ni escudriñando algun texto de astronomía. Lo viví, lo sentí, lo pude ver con mis propios ojos en el pueblo de los Petateros. Alcides Curet y Helson Rodríguez son dos estrellas que hoy padecen de serias condiciones de salud. El pueblo al que le dieron tanta alegría con sus ejecutorias en el diamante se desbordó de manera impresionante en una actividad que tenía como propósito recaudar fondos para los gastos médicos que tanto ellos como sus familias enfrentan desde hace algún tiempo. Lo que era una actividad para estas estrellas, se convirtió en una constelación astral pues fueron muchos los astros aficionados y profesionales que se dieron cita para apoyarlos. Desde que me enteré de la actividad mi corazón latió con mayor ritmo y nuevamente me dí cuenta de cuanto amo el béisbol aficionado y su historia. Nunca ví jugar a Curet y a Rodríguez lo ví poco, pero conociendo su rico legado no me quedó alternativa, tenía que hacer algo. Y fue más fácil de lo que pensé.
Curet es el lider en indiscutibles conectados en la historia del béisbol aficionado. Existe una controversia pues los records federativos dicen que son 952 y en Sabana Grande aseguran que son 953. Parece que los contaban uno a uno y no era para menos. La batalla entre él y Rolo Colón, por ser el lider de todos los tiempos, fue algo que este deporte no vivirá jamás. De todas maneras NADIE jamás llegará a tal cifra. Dicen que los records se hicieron para romperse. Alcides se aseguró de que esa teoría no va a aplicar al suyo. Fue miembro fijo de la selección nacional en la década de los 70 y miembro escencial de los campeonatos de Sabana Grande en el ‘74 y ‘81. Contrario a Alcides quien era bajito y hacia de todo para embasarse, Helson era un jugador que impresionaba por su físico y la bola viajaba grandes distancias al tocarla. En su resume se incluye el estar en el grupo de los 600 indiscutibles y conectó además 90 cuadrangulares. Muy pocos, si alguno, ha logrado números iguales en ambas categorías. Como Alcides, Helson fue miembro de los campeonatos del ‘74 y ‘81 y estuvo en el medio de la alineación de la selección nacional por mucho tiempo. Por cosas del destino ambos batearon exactamente .346 de promedio por vida y hoy estos dos miembros del Recinto de Inmortales también por cosas del destino luchan por sobrevivir.
Me enteré de la condición de ambos escasamente cinco dias antes de la actividad. No eran las siete de la mañana ese día y ya había llamado a Tony Fontánez con quien había ido a algunas prácticas de la selección nacional cuando era yo un jovencito y Tony era el tercer, cuarto o quinto bate del equipo en donde Helson estaba también y sabia de su amistad. Teníamos que hacer algo. En este mísmo año habíamos pasado por la tragedia de perder a Guarionex Rodríguez y reconocía que estos peloteros al igual que Guario ya no eran solamente de su comarca y se habían convertido en símbolos patrios. Se me ocurrió la idea de acudir a la actividad y además llevarle algun donativo para la causa. Me comuniqué ese mísmo día con todos los apoderados de la sección central y todos estuvieron de acuerdo en aportar. Fue gratificante ver la respuesta de cada uno de ellos y sé que el agradecimiento de Alcides y Helson además de todo el pueblo Petatero fue genuino y por que no, sorpresivo. “Desde tan lejos” decían algunos, otros se preguntaban “¿por qué?” La respuesta es sencilla. En momentos como estos nuestros lideres se unen, dejan atrás diferencias sin sentido y reconocen el honor de quienes lo merecen. A José Veguilla, José Maldonado, José Vega, Jaime Ayala y Don Heraclio Mendoza mi reconocimiento por su gentileza pues no solo lo hacían a nombre de los equipos que dirigen, también lo hacían a nombre de los pueblos a quienes le sirven. Y desde Sabana Grande les llevo el mensaje de agradecimiento de tantas personas y tantos buenos comentarios que se me hace imposible plasmarlos todos en este escrito. Se me hizo tan fácil pues estas personas reconocieron de inmediato la necesidad de la ocasión.
Planificar el viaje fue más fácil todavía. Tony me había dicho que no podía ir pues comenzaba una serie con su equipo de la liga juvenil. Pero su hermano Paco, que acompañó la selección como doctor en muchos viajes, no tenía ese problema. “Nos vamos a la hora que me digas” fue su respuesta. Le dije a Tony que a lo mejor llovía y así podia ir. Dios nos recompensó con un aguacero tal que imposibilitó el inicio de la serie de su equipo. Estaba tempranito en el parque con una alegría que nadie entendía y les dije a los muchachos que no se sorprendieran porque no quería que se jugara ese día, era un plan que no venía de nosotros. Lo mejor de estar en el parque fue que quien primero llegó con su uniforme puesto fue otra gloria del béisbol, mi gran amigo Sigfredo “Chuma “ Alicea, uno de los adiestadores del equipo que dirige Tony. Le dije de los planes que tenía y me dijo “Yo estaba buscando con quien ir, ahora me voy contigo o con Tony, y cuando Alcides me vea...”. Y asi fue. Salimos de Cayey temprano rumbo a nuestro compromiso. No saben como disfruté ese viaje. Quien más habló fue el Chuma. Fueron tantas las anécdotas pues el viaje duró bastante. Me estaba dando un banquete y le dí tantas gracias al Creador pues desde niño admiraba a estos tres compueblanos y estar con ellos escuchándolos hablar de béisbol era mi primer gran regalo de esta navidad. Y no queda ahí. Llamaron por teléfono a Peggy Mercado y a Sandalio Quiñónez. Si era verdad, a Peggy y a Sandalio. Quienes amamos esto y conocemos de estas figuras, pero no tenemos la dicha de conocer a nuestros héroes, era vivir un sueño. Y ellos lo hacían tan facil. Llegamos a Sabana Grande y creanme, lo que a veces pasamos por desapercibido en nuestros pueblos con nuestras glorias tenemos que vivirlo en algun otro lugar para entender el impacto de las estrellas. Cuando allí vieron a Tony y al Chuma, no lo podían creer. Los fanáticos murmuraban “No habia pitcher más bravo que ese” en referencia a Alicea y otros decián “Tu nunca habías visto a Tony Fontanez, pues aprovecha y saluda que es ese que está ahí”. Y se formó la constelación. A quien primero vimos fue a Samuel Morales, uno de los toleteros más temidos en la historia de este deporte. Obdulio Valentin, un zurdo que según Chuma era tan difícil que acababa los primeros juegos los domingos y todavía no era la hora de almorzar. También estaba Héctor Ayala. Más de una persona en el parque me dijo que era el mejor bateador natural que sus ojos habían visto, fue el primero en ganar títulos de bateo en años seguidos en el ‘77 con .489 y en el ‘78 con .549. Peggy Mercado, para muchos el mejor pelotero en el béisbol aficionado de Puerto Rico. Los saludé a todos y no lo podía creer. Era como meterme a un libro de estadísticas pues solo por eso los conocía. Y habia más, Víctor Martínez, Norman Aguilar, Héctor Rivera, Alexis Madera, Héctor Valle y otros. Mi amigo Arturo Soto se encargó de que los conociera a todos pues al igual que yo Arturo se vive cada momento de béisbol. Ví también a José Vidro aunque por muy poco tiempo. Pero quien merece mencion especial es Juan “Igor” González. Este estuvo todo el tiempo con Alcides en su hogar y más tarde compartió en el parque con los niños que se le acercaban. Mi felicitación para él. El orden reinó durante toda la actividad y llegaron por fin a eso de las doce y media Helson y Alcides. Aquello se quería caer. El pueblo los saludó. Helson no es el mísmo Sansón que tanto atormentó a los lanzadores de su generación. La diabetes le ha quitado prácticamente toda la fortaleza de antaño y muchos dicen que por tal fortaleza es que aun está con nosotros. Alcides no pudo levantarse de una camilla pero desde alli compartió con todos. Cuando estos seres vieron a Tony y al Chuma no lo podían creer y creo que yo no lo puedo describir. Helson abrazó tan fuerte a Tony y le dijo “ Tony tu aquí, tanto tiempo mi hermano, gracias de verdad, no lo puedo creer” con una voz entre cortada que hizo que algunos lloraran. Y cuando Alcides vió al Chuma, quien fuera su compañero de cuarto en todos los viajes que hicieron juntos al exterior, se le salieron las lagrimas. “Chumita chico, estoy aquí pero estoy vivo. No sabes cuanto te agradezco esto, gracias de verdad, tu eres mi hermano”. Y quienes estabamos cerca no pudimos contener el llanto al verlos en un abrazo que parecía no tener fin. Nos comprometimos a volver con otros de sus compañeros que por alguna razón no pudieron acudir a la actividad.
Compartímos con todos, las palabras de agradecimiento no acababan y la hacían extensivas a Cidra, Comerío, Aibonito, Barranquitas y Cayey pues a través de sus apoderados había llegado un gran donativo. Fue tan emotivo que sin darnos cuenta ya habíamos llegado a Cayey, con la misión cumplida y con una satisfacción inexplicable. Llegué a mi hogar y miré al cielo y aprecié por un momento las estrellas. Yo había compartido con tantas ese día y me convencí más que nunca del porque las estrellas brillan por siempre.
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