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3 de mayo de 2008
Pedro Carlos Lugo

Dicen que la historia la escriben los triunfadores. Esto se podría aplicar en la guerra y en la política, pero no siempre en el deporte.
Los Ganduleros de Villalba, en su primer año en la pelota Doble A de Puerto Rico, tienen marca de una sola victoria y 16 derrotas. Además, han perdido 14 juegos en línea y están en el último lugar de la sección Sureste. Pero donde nadie le gana es en las dobles jugadas; no las que les han hecho, sino las que ellos hacen. Los Ganduleros han confeccionado 36 dobles plays en sus primeros 17 juegos de la presente temporada, cifra que supera no solo a cualquiera de los 46 equipos de la Doble A, sino a cualquier otro conjunto que participa o haya participado en las 69 temporadas de este beisbol.
Según datos extraoficiales, los Toritos de Cayey fabricaron 35 dobles jugadas en la temporada de 1972, cuando se jugaban un número mayor de partidos en torneo regular. Ese era el record vigente, aunque de forma extraoficial. Debemos consignar que la cifra de 36 dobles matanzas de Villalba este año también es un dato extraoficial, ya que esa estadística no se compila ni se ha compilado nunca a nivel federativo. Pero es un dato comprobable a través del estadístico oficial de los Ganduleros y de los demás anotadores del Sureste. En casos como las 35 dobles jugadas de Cayey, los datos provienen del trabajo realizado por estudiosos de la pelota Doble A, como el profesor Oreste Alicea, comentarista deportivo e historiador de este beisbol.
Como generalmente ocurre, la mayoría de las dobles jugadas se producen alrededor de la segunda base. Los Ganduleros han contado con el ponceño Manuel ‘Papito’ Torres en la intermedia y Carlos Serrano en el campo corto en casi todos los juegos. Torres, por ejemplo, ha participado en 22 dobles matanzas y Serrano en 19. Aunque son ellos dos quienes han participado en el mayor número de dobles matanzas, no todas han sido producidas por esta combinación, sino que también hay doble plays en los cuales ellos dos no han participado.
Desde cualquier punto de vista, las dobles jugadas de los Ganduleros constituyen una proeza. O al menos, un hecho relevante. Villalba es una franquicia nueva que tuvo poco tiempo para confeccionar un equipo sólido, porque no había abundante talento para seleccionar. Más aún; en la mayoría de las ocasiones que el apoderado Raymond Zayas se interesó y gestionó la firma de un jugador profesional, no fue posible, porque el pelotero se negó y no hubo voluntad de la Federación para hacer cumplir esta regla. Tómense como ejemplo los casos de José Velázquez - quien ante el acercamiento del apoderado Gandulero expresó que solo jugaría con Guayama - y el de Luis Sabino, que fue reclamado por el debutante conjunto del Suroeste y nunca se presentó a la novena, pero sí se reportó a Barranquitas donde terminó jugando. En sentido contrario, Juncos – campeón seccional del Este – fue beneficiado con César Crespo, un jugador activo que recientemente participó en Grandes Ligas. Guayama, campeón del Sureste, cuenta con el lanzador profesional activo Alex Woodson y con otro que fue estelar en la Liga de Puerto Rico, William Vázquez.
Es un hecho irrefutable que en cualquier deporte, especialmente en el beisbol, la ofensiva se valora más que la defensa. Hay máquinas que lanzan pelotas para batear e incluso se les regula la velocidad (las bateras), pero no existe ningún artefacto que le lance rolas o bombos para que se mejore la defensa. Si usted presencia una práctica notará que se enfatiza más en el bateo que en el fildeo. En los libros de records abundan las estadísticas ofensivas y escasean las de defensa. El destaque de una marca defensiva como es el caso de las dobles matanzas de los Ganduleros, es un reconocimiento a la defensiva como arma para ganar juegos.
No hay duda; si los seguidores de la Doble A han reconocido por 36 años la marca de dobles jugadas de Cayey, ahora deben reconocer que los nuevos reyes históricos del doble play son los Ganduleros. Sobran razones: primero, porque Cayey hizo sus 35 dobles matanzas en 26 partidos y Villalba en apenas 17 y, segundo, porque como quiera que se mire, 36 es más que 35.
(Foto)
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